Economía de la Salud en el área del doctor (x)

hueso2 Aspectos socioeconómicos del dolor: una síntesis

El gastosanitario en los países de la OCDE representaba el 3,8 porciento del PIB en 1960, porcentaje que se incrementó al 9,1 en 2008. Diversos trabajos han demostrado que es la proximidad a la muerte y no la edad del individuo lo que explica las diferencias individuales del gasto sanitario.

En este artículo vamos a intentar resumir las ideas centrales de los distintos trabajos que han formado parte de la sección. Las implicaciones entre el dolor y la economía de la salud han quedado ampliamente detalladas a lo largo de la colección, sin embargo hay aspectos que nos invitan a reflexionar sobre los retos que la gestión del dolor supone a los sistemas de salud de los países occidentales.

En este artículo vamos a intentar resumir las ideas centrales de los distintos trabajos que han formado parte de la sección. Las implicaciones entre el dolor y la economía de la salud han quedado ampliamente detalladas a lo largo de la colección, sin embargo hay aspectos que nos invitan a reflexionar sobre los retos que la gestión del dolor supone a los sistemas de salud de los países occidentales.

La preocupación por el crecimiento del gasto sanitario en los países de la OCDE no es un fenómeno nuevo, ya que ha sido recurrente desde los años setenta. Por otra parte, este aumento del gasto sanitario en las últimas décadas es un fenómeno compartido por las principales economías del mundo, especialmente las desarrolladas, aunque también lo han experimentado los países en vías de desarrollo y los países emergentes. Sirva como orientación que el gasto sanitario en porcentaje del PIB en los países de la OCDE representaba el 3,8 por ciento en 1960, mientras que en el año 2008 este porcentaje se había incrementado hasta el 9,1 por ciento. En unos 50 años, el gasto sanitario casi se ha triplicado.

Las razones para este incremento son muy diversas y van desde la continua aparición de tecnologías más costosas, hasta una mayor preferencia por la asistencia sanitaria por parte de la población como consecuencia del incremento en el nivel de vida. Igualmente unos precios más altos del sector sanitario respecto a la media hacen que el porcentaje del gasto sanitario sobre el producto interior bruto se incremente de forma paulatina. No obstante, parece que en la actualidad y en los países industrializados es la prestación real media por persona lo que explica en gran medida el alza del gasto sanitario. La población utiliza de forma más intensa los servicios de salud y estos a su vez incorporan de forma creciente nuevas tecnologías más costosas. Es decir, prestamos más asistencia sanitaria cada vez más cara a los pacientes, siendo ésta más intensa, tanto en tiempo (procesos crónicos respecto a los agudos), como en cantidad (mayor duración de los tratamientos y mayor número de pruebas).

Sin embargo, desde una perspectiva histórica el aumento de la cobertura y las variaciones demográficas han explicado en gran medida el aumento del gasto sanitario. Diversos trabajos han demostrado que es la proximidad a la muerte y no la edad del individuo lo que explica las diferencias individuales del gasto sanitario. En este sentido, los aspectos relacionados cobran especial interés, ya que los cambios sociales han modificado la forma en que morimos. Las unidades de paliativos son una buena muestra de estos cambios, aumentar en lo posible la calidad de vida de los enfermos y reducir lo máximo posible el dolor que estos sufren en los últimos meses de su vida es algo que debe ser una prioridad dentro de nuestros sistemas nacionales de salud.

Como hemos visto a lo largo de la colección las implicaciones entre el dolor y la economía de la salud son importantes. De esta forma, según la encuesta Pain in Europe sabemos que el 12 por ciento de la población española sufre dolor crónico en España. El 44 por ciento de los pacientes españoles presentan dolor severo, frente al 33 por ciento, de media en Europa, siendo la duración media del dolor de 9,1 años en nuestro país en comparación a los 7 años que dura de promedio en Europa. Por otro lado, tal como señaló Dolores Fraga en su artículo, en España, según la Encuesta Nacional de Salud de 2006, el 14,76 por ciento de la población española sufre restricción de la actividad habitual por dolores o síntomas en las últimas dos semanas. En el año mundial contra el dolor musculoesquelético (2009-2010), una encuesta basada en la población española analizó datos de 15 años (1993-2006) sobre la prevalencia del dolor musculoesquelético invalidante, que se definió como el dolor sufrido en las dos semanas previas que disminuye la actividad laboral principal o la actividad del tiempo libre por lo menos medio día. La prevalencia global fue del 6,1 por ciento en 1993,

7,3 por ciento en 2001, 5,5 por ciento en 2003 y 6,4 por ciento en 2006. El predominio en mujeres fue dos veces el de los hombres.

El impacto del dolor sobre la calidad de vida de los pacientes es igualmente elevado, como bien señaló en su artículo Lilisbeth Perestelo. En la actualidad se dispone de diversas escalas de medida específicas que permiten evaluar la intensidad y el impacto del dolor sobre la CVRS del individuo en nuestro contexto español: el cuestionario de dolor de McGill (Mcguill Pain Questionnaire–MPQ), el cuestionario breve del dolor (Brief Pain Inventory–BPI), la escala de afrontamiento ante el dolor crónico (Coping Scale Questionnai-re–CSQ), la escala de clasificación del dolor de espalda (Back Pain Classification Scale–BPCS), la escala de discapacidad lumbar Oswestry (Oswestry Disability Index–ODI), y la escala visual analógica (Visual Analogic Scale–VAS), entre otras. Tal como señaló en su trabajo Mayte Jubete, el dolor crónico es uno de los motivos de consulta más frecuente en Atención Primaria, existiendo diversos estudios que demuestran que existe una fuerte asociación entre la presencia de dolor y el deterioro de la CVRS. De hecho, las personas con dolor crónico no maligno tienen una afectación multidimensional de la calidad de vida, que supera a otras enfermedades crónicas.

La importancia del dolor en los costes directos sanitarios fue puesta en relieve por Fernando Antoñanzas en su artículo, donde se estimó que el coste sanitario anual para el SNS de España superaría fácilmente los 3.000 millones de euros para los pacientes adultos con dolor crónico, de los cuales la mitad corresponderían al diagnóstico y seguimiento en consultas médicas. Además, si a dicho importe le sumamos el coste correspondiente a los adolescentes con dolor crónico y a todos los pacientes con dolor agudo (no crónico), el importe soportado por el SNS español derivado del padecimiento del dolor es muy superior al señalado.

El impacto sobre los costes indirectos del dolor es igualmente muy elevado, así las jornadas laborales perdidas en España a consecuencia del dolor ascendían a 38 millones, lo que se traduce en unos costes de 1.800 millones de euros de pérdidas laborales por incapacidad temporal. Además los costes intangibles en España estarían en una franja de entre

34.000 a 51.000 millones de euros, cifra que identifica la pérdida social generada por el empeoramiento en la calidad de vida producida por el dolor crónico.

Por último, Jaime Espín puso de manifiesto las dificultades existentes para aplicar los contratos de riesgo compartido a los tratamientos para el dolor, debido en gran medida a la dificultad para identificar un parámetro objetivamente verificable del éxito del tratamiento. Sin embargo, esto no debe cerrarnos a la posibilidad de que la financiación (e incluso el grado de financiación) de nuevos medicamentos para el dolor venga determinada por la mejora de salud (disminución de dolor) que proporciona, y no sólo por el número de unidades vendidas de un determinado tratamiento.

En resumen, el dolor y sus consecuencias deben ser un elemento importante para todos los actores del sistema sanitario. Los profesionales, los gestores, los pacientes y la industria deben trabajar unidos para reducir los efectos que éste ocasiona tanto en la salud de los pacientes como en la sociedad en su conjunto. En este sentido esperamos que la sección que hoy termina haya permitido conocer mejor todas las implicaciones que tiene para el sistema de salud el dolor y haya servido para sensibilizarnos a todos al respecto. No me gustaría terminar sin agradecer el patrocinio de Grünenthal Pharma a la sección y el trabajo de Medical Economics en la coordinación y edición de los diferentes artículos.