La Universidad se resiste a enseñar Economía de la Salud

las mujeres ganan 5300 euros menos al ao que los hombresLa nueva cabeza visible de la agrupación considera “básica” la enseñanza de habilidades gestoras a los futuros profesionales.

Javier Barbado. Madrid / La Asociación de Economía de la Salud (AES) estrena presidente. Tras cumplir seis años en el cargo Enrique Bernal (véase entrevista en Publicación de Directivos de la Salud), los tres de rigor más otros tres adicionales de renovación, Juan Oliva toma el relevo. El nombramiento se ha hecho público una vez celebrada la Jornada anual de esta agrupación, en concreto la trigésima edición, antes del verano en la ciudad de Valencia.

La AES integra a diversos especialistas, pero entre médicos y economistas suman más de la mitad de los socios. ¿A quiénes considera más preparados y/o interesados para dirigir con eficiencia los recursos de un hospital?

Hay excelentes profesionales que, provenientes del campo de la Economía, llevan años realizando buena gestión clínica, y también hay excelentes profesionales del campo clínico que realizan buena gestión. No creo que sea un inconveniente mayor la procedencia. El talento, la experiencia, la formación adquirida con los años, el saber rodearse de un buen equipo y la profesionalización de los puestos gestores determinan la excelencia en este campo.

En una entrevista reciente con este periódico, su antecesor en el cargo, Enrique Bernal, citó un proyecto de investigación que trata de resolver cuándo la mortalidad de un hospital, por ejemplo, es achacable al mejor o peor funcionamiento de un equipo médico-quirúrgico. ¿Van a desarrollar este trabajo a medio plazo?

Probablemente Enrique Bernal estaba exponiendo la experiencia del proyecto Atlas de Variaciones en la Práctica Médica. Me atrevería a decir que éste es uno de los proyectos de mayor interés sanitario, económico y social a nivel europeo. Los detalles pueden consultarse en internet.

La AES es fundadora de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas), editora de publicaciones científicas muy reconocidas en el sector como, por ejemplo, Gaceta Sanitaria. ¿Se le encomienda alguna función concreta relacionada con esta Sociedad?

Sespas es una federación de sociedades científicas del ámbito biomédico y AES forma parte de dicha federación. Como tal, AES participa en las actividades científicas de Sespas, ya sea mediante la integración de socios de AES en el Consejo Editorial de Gaceta Sanitaria, participando en la propuesta de Ley de Salud Pública, como parte de los comités organizadores y científicos de jornadas y congresos de Sespas, como miembros de la Junta directiva de Sespas, etc.

Es el momento de que me hable de sus propios retos en la AES.

No creo tener retos particulares en la AES. Nuestra sociedad es poco presidencialista. Los protagonistas son los socios, no el presidente ni la Junta directiva. En este sentido, continuaremos con el trabajo desarrollado por otros colegas y amigos como Enrique Bernal o Josep Fusté persiguiendo fines como el de contribuir a la mejora de la salud y de los servicios de atención sanitaria para el conjunto de la población, a través de las aportaciones del conocimiento científico; impulsar el debate en torno a alternativas que persigan la eficiencia y equidad en los sistemas de salud, para que repercutan en el bienestar general de la sociedad y favorezcan la sostenibilidad del sistema, o contribuir a generar una cultura de evaluación en el conjunto de los sistemas de salud, entre otros.

Dentro de este marco general, a medio plazo hay proyectos interesantes para nuestra asociación como son la creación de una revista científica de Economía y Salud, o la formación de grupos de trabajos temáticos sobre evaluación económica y evaluación de servicios sanitarios y evaluación de políticas.

La Economía de la Salud es una asignatura pendiente en las facultades de Ciencias de la Salud. En su opinión, ¿por qué no se ha aprovechado el Plan de Bolonia para cambiar esta situación?

Aunque hay varias universidades que tienen incluida la Economía y Gestión de la Salud en sus planes de estudios en carreras de Economía y de Administración de Empresas, y en carreras de Ciencias de la Salud, es justo reconocer que la Economía y Gestión de la Salud no se encuentra tan extendida en estas facultades como pensamos que sería necesario. Las razones son varias y sería largo de explicar. Baste con decir que el ámbito universitario, al que pertenezco, es también un ámbito complejo y resistente en ocasiones a los cambios.

Sin embargo, es evidente que, en la formación de los profesionales de Ciencias de la Salud, asignaturas de Economía y Gestión de la Salud deberían ser básicas, toda vez que la gestión de recursos escasos va a ser una realidad con la que se van a enfrentar a diario en su práctica profesional futura [los alumnos]. Dado este escenario, la escasez de formación en Economía y Gestión de la Salud nos aparta de una tendencia ya consolidada en países de nuestro entorno, donde se valora positivamente la contribución de esta formación y se asocia a la mejora en la toma de decisiones. AES publicó en su momento un documento de posición sobre el tema (pinche para consutarlo).

Por último, me interesa su opinión personal sobre el futuro económico del Sistema Nacional de Salud. ¿Cree necesario tomar medidas urgentes?

Diría que tenemos un buen Sistema Nacional de Salud. Pero también que los sistemas que no buscan cambiar y aprender de errores propios y ajenos se acaban erosionando sin remedio. No pienso que haya que tomar medidas urgentes, pero sí importantes.

Podríamos citar varias: la coordinación de los sistemas de atención sanitaria y social ante los retos demográficos y sociales que tendremos que afrontar en las próximas décadas; la potenciación de la salud pública en el SNS; y el papel clave que debe ejercer en políticas transversales de salud. Podríamos citar varias más de largo recorrido, donde no hay que aplicarlas con urgencia (con riesgo de precipitación), pero que, indudablemente, resulta necesario incorporarlas a la agenda política y social sin más demora.

Una cuestión en la que insistimos desde hace tiempo desde AES es en la necesidad de utilizar criterios racionales y transparentes en la financiación pública de las prestaciones y tecnologías en el SNS (véase documento de posición). La nota de prensa emitida por el Consejo Interterritorial del SNS, tras su reunión del pasado 18 de marzo, presenta varios acuerdos en este sentido. Falta ver cómo se concretan dichos acuerdos, pero, en mi opinión, apuntan en la dirección correcta. Este sería un paso decisivo en la introducción de herramientas evaluativas de manera sistemática dentro del sistema sanitario.

Ello podría tener una trascendencia de gran calado, puesto que, a mi parecer, el gran cambio que precisamos es cultural. Entender que la evaluación y el aprender de errores ajenos, pero también de los propios, no es una opción, sino una necesidad que precisamos para transitar hacia la excelencia y garantizar la sostenibilidad del sistema. Es el gran reto que debemos tener presente si queremos que el sistema sanitario continúe mejorando el bienestar de nuestra sociedad.

Empleo juvenil en España

Por Ana López de Mesa Madrid, 9 mar (Euroefe).- Uno de cada dos jóvenes españoles no tiene empleo. El abandono de la escuela, la segmentación del mercado laboral y la crisis económica son algunas de las causas por las que se explica este alto índice de paro. Sin embargo, a pesar de que es fácil encontrar los motivos, lo difícil es enfrentar las repercusiones.

Por un plan de empleo que le devuelva el optimismo a los jóvenes

Lucía, una periodista que no ha tenido la oportunidad de ejercer su profesión porque desde que se graduó hace dos años no ha conseguido un empleo, ve con pesimismo su futuro laboral en España. Hasta ahora solo ha hecho un par de prácticas, unas pagadas y otras no, y al ver a su alrededor encuentra que cada vez la situación laboral para los jóvenes está en peores condiciones.

El caso de Lucía es el de muchos otros jóvenes que tras terminar una licenciatura no encuentran un mercado laboral que los acoja. Ella ha optado por continuar formándose para combatir el paro, pero el problema está cuando después de prepararse tanto los jóvenes siguen sin encontrar un empleo, pues aquí la frustración se hace mayor.

Uno de los caminos por los que más se opta ante esta situación es salir del país. Tanto Lucía como Sonia, otra de sus compañeras que tampoco ha podido trabajar profesionalmente, ya piensan en otro país de Europa o fuera del continente como opción laboral.

La salida de estos jóvenes lleva a una pérdida de capital humano que, según Santiago Pérez Camarero, director del instituto Max Weber, debe ser muy preocupante para el país, más si se tiene en cuenta que la mayor parte de la formación en España es pública y es pagada por la misma sociedad.

Sin embargo, para la Unión Europea encontrar un empleo fuera del país de origen es una alternativa válida, siguiendo la filosofía de este organismo que es “la abolición de todo tipo de fronteras para permitir la movilidad”, según lo expresó el director de la Comisión Europea en España, Francisco Fonseca.

Los que no tienen la oportunidad de salir o no quieren hacerlo y se quedan enfrentando esta situación sufren la desmotivación de no encontrar una recompensa a todos sus años de estudio y esfuerzos por alcanzar esos estándares de calidad de vida que siempre han visto como una promesa. Así las cosas, muchos se preguntan si vale la pena seguir estudiando para finalmente no conseguir el equilibrio económico que caracterizó a los profesionales de hace varias décadas.

Es una generación que, como explica Camarero, no va a poder ser lo que debería ser toda generación joven: una regeneración de la anterior. Lo que se está forjando sobre la juventud es “una sensación de incertidumbre, de inseguridad y falta de confianza respecto al futuro”, explica al afirmar que, aunque a corto plazo se están tomando medidas, hay que buscar otras que vayan más a fondo y que le den optimismo nuevamente a los jóvenes para que estos puedan ver que “hay medidas y que no son problemas irresolubles”.

Las tasas de desempleo en España empiezan a crecer de manera notoria hace aproximadamente 30 años. Durante los últimos 15 años no se han visto en el país tasas de desempleo inferiores al 8%.

Con la aparición oficial de las empresas temporales en el año 1991 empieza a crecer un nuevo problema que es el de la segmentación del mercado.

Si unimos el desempleo a esta segmentación del mercado se da el problema que vemos ahora con especial repercusión sobre los jóvenes, pues éstos son los últimos que llegan al mercado laboral, ya de por sí debilitado, y son quienes van a empezar a trabajar en estos cargos temporales, que con la crisis son los primeros en caer.

El paro en España además está ligado con la estructura productiva del país donde los sectores de servicios y construcción son los que mayor empleo generan, mientras la industria tiene muy poco peso, con lo que cuando el país entra en fase recesiva se vienen abajo muchos empleos. Como lo cataloga Camarero “es una estructura de empleo frágil”.

Hoy España está a tres puntos de la tasa de desempleo de Estados Unidos en la crisis de los años 30.

Según un reciente informe de perspectivas económicas intermedias de la Comisión Europea, publicadas el 23 de febrero pasado, Grecia, Portugal y España son responsables del 95 % del incremento de la tasa de desempleo en toda la Unión Europea desde finales de 2010.

Particularmente en España el desempleo entre los jóvenes de 18 a 25 años de edad es casi el doble de la tasa de Europa, que en diciembre llegaba al 22,1 %. Sin embargo este porcentaje que reporta el continente es también preocupante pues revela que la situación no está mucho mejor en los demás países. Después de España, quienes registran cifras de paro juvenil más altas son Lituania, Letonia, Eslovaquia, Grecia y Estonia. En otros países del este de Europa, más Italia, Francia y Portugal el desempleo supera el 20%.

Para Camarero, este problema se debió empezar a corregir hace muchos años. “Llevamos siete años debatiendo cómo resolverlo y ahora es necesario tomar medidas más drásticas”, dice.

La Comisión Europea ha enviado expertos a España para apoyar la creación de un plan especial de empleo juvenil. Fonseca explica que están planeando reprogramar recursos del fondo socioeuropeo para reducir las tasas de fracaso escolar; dar un mejor uso a los programas de intercambio Erasmus y Leonardo da Vinci, con el fin de que fomenten las prácticas en empresas; impulsar el espíritu empresarial y apoyar las pequeñas y medianas empresas – pymes -.

Por ahora, aunque como reconoce el Director de la Comisión Europea, las medidas “no son la panacea” se espera que éstas puedan servir para frenar el alto paro y ofrecer mejores oportunidades a los jóvenes.

Los ajustes en Sanidad

Juan Oliva: «El copago como medida única y aislada tiene escaso recorrido»

Con la prudencia debida por desconocer aún la letra pequeña de los ajustes que hoy se aprobarán en el Consejo de Ministros, el profesor de Economía de la Universidad de Castilla La Mancha y presidente de la Asociación de Economía de la Salud, Juan Oliva, respondió ayer a los lectores de ABC.es sobre las dudas que les suscitaba la reforma sanitaria.

¿El copago tiene algún beneficio para la salud pública?, le preguntó el primero de los internautas, interesado en la posibilidad de que los ciudadanos, al tener que gastar más en salud, «piensen más en prevenir que en curar y evolucionen hacia mejores hábitos de vida o comportamientos menos imprudentes».

Oliva se mostró desconfiado: «El copago como medida única y aislada tiene escaso recorrido». A juicio del presidente de la Asociación de Economía de la Salud, «existen otras medidas estructurales que afrontar, entre ellas, un fortalecimiento de los programas de salud pública que se transmitan no sólo dentro del ámbito sanitario sino también el laboral, educación, medio ambiente, urbanismo, etc., y diseñar políticas inteligentes que impliquen a los ciudadanos más en el cuidado de nuestra salud y en el desarrollo de comportamientos saludables».

«El usuario es quien realiza la visita al médico pero es el prescriptor quien decide qué medicamentos y cuántos», recordó Oliva antes de señalar que los estudios realizados sobre copagos indican que una baja sensibilidad de la demanda de los usuarios. «Un crecimiento en los precios hace que baje la demanda de manera menos que proporcional», explicó.

El experto mencionó, sin embargo, dos salvedades: «Una, pasar de cero a un precio positivo (el caso de los pensionistas) es una rara avis en el contexto internacional. Dos, la demanda de los individuos de rentas bajas es más sensible a los incrementos de los copagos en comparación con el resto de la población». Por ello, «hay que poner un especial énfasis en pensar de manera inteligente las exenciones y, especialmente, en exigir que la medida adoptada del incremento de los copagos sea evaluada por expertos independientes cuando hayan transcurridos unos meses de su puesta en marcha con objeto de identificar si ha favorecido un uso más racional de los recursos y que no esté perjudicando el acceso a los servicios sanitarios de ciertos grupos de ciudadanos», añadió.

El profesor universitario quiso dejar claro que «ni la edad ni la situación ocupacional (activos vs. jubilados) deberían ser las dimensiones centrales del debate de la financiación de los servicios sino la enfermedad y la renta». Oliva dio un paso más al añadir que «no solo la renta sino el patrimonio debería considerarse como criterio de pago (para lo cual deberíamos recuperar el impuesto sobre el patrimonio)».

Ante las quejas de Pepe, otro de los internautas, que recordaba cómo las grandes fortunas tributan por sociedades mientras «al final el que tiene una nómina es el que repaga», el presidente de la Asociación de Economía para la Salud se mostraba de acuerdo con este planteamiento e instaba a exigir a los políticos una mayor firmeza en la lucha contra el fraude.

Otras medidas posibles

Oliva expuso que existe un amplio conjunto de medidas que podrían ponerse en marcha, como establecer criterios claros y transparentes para determinar qué prestaciones deben ser incorporadas o mantenidas en el sistema sanitario, y cuáles han quedado obsoletas y son prescindibles por innecesarias (consideración de criterios coste-efectividad en la financiación selectiva de prestaciones).

También consideró que se debe continuar mejorando la coordinación sanitaria, «entre la asistencia primaria y la especializada, o incluso entre los sistemas sanitario y de servicios sociales». Oliva remarcó además que sin la contribución activa de los profesionales sanitarios en la mejora de la gestión «me temo que las políticas aprobadas exclusivamente vía BOE se verán muy limitadas».

«¿No sería mejor cobrar por cada consulta?», preguntaba otro internauta al que Oliva respondía «depende de lo que se pretenda. Uso racional o recaudación. Si hablamos de lo primero, ambas fórmulas pueden ser válidas. Cobrar por consulta puede ser más adecuado, puesto que es el usuario el que toma la decisión de realizar la consulta, mientras que es el médico el que determina el número de prescripciones. Si la medida es recaudatoria, el cobrar por consulta supone desarrollar un aparato de recaudación (o una adaptación de las tarjetas sanitarias en tarjetas monedero) que no es trivial en absoluto. En cambio recaudar por receta retirada es sencillo administrativamente hablando».

Mª Nieves Díez Taboada introducía en el debate la fórmula de las monodosis. «¿No cree que una de las mejores formas de ahorro estaría en la prescripción de las pastillas por unidades necesarias para el tratamiento? ¿No cree que los laboratorios farmacéuticos deberían adaptarse al recorte con envases de menos pastillas y abaratar precios?». Oliva recordó que la adecuación de los envases de los medicamentos a la duración estimada del tratamiento «es otra de las medidas anunciadas» aunque «la escasa literatura científica que hay al respecto en España cuestiona que sea una vía para lograr grandes ahorros».

Más información a los ciudadanos

«¿Con estas reformas se ahorrarán de verdad 7.000 millones de euros?». El experto respondía a Antonio con sinceridad: «Me cuesta mucho ver que con estas medidas se ahorren 7.000 millones de euros. Francamente, como ciudadano querría que cuando mis representantes mencionan estas cifras me permitieran la posibilidad de consultar los informes técnicos que lo avalan: un enlace a la web del ministerio correspondiente y un informe en lenguaje comprensible para el ciudadano y una parte técnica para el especialista. Me parece que en esto (entre otras cosas) consiste la transparencia y la rendición de cuentas de los políticos a la cuidadanía».

Oliva admitió que «en todas las Administraciones hay bolsas de ineficiencia que identificar y sobre las que actuar», pero subrayó que el problema de déficit público «se debe fundamentalmente a la caída de los ingresos públicos, y no a un crecimiento desaforado del gasto».

«Nuestro sistema sanitario no es un sistema más caro que el de otros países de renta similar a la nuestra», finalizó.